Patrimonio Natural y Cultural
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Formas de Vida

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Según los ayoréode, en el tiempo de los antepasados el mundo se ha formado y desarrollado de tal manera que todos los seres, incluidos los hombres, podían vivir en equilibrio, sin que nada les falte para desarrollar una vida abundante y agradable. En este sentido entienden el mundo como un sistema perfecto que brinda todo lo necesario y que no necesita transformaciones o desarrollo para mejorar las condiciones de vida. Todo lo que necesita el hombre ya existe. Sólo hay que reconocer el carácter y modo de vivir de la naturaleza; saber como aprovechar lo que ella ofrece e ir a la búsqueda de lo necesario. 

Los ayoreóde se movían constantemente dentro de su territorio en busca de alimentos, agua o materia prima para la fabricación de utensilios. También existían épocas de descanso en lugares más estables, especialmente en tiempo de lluvias, cuando preparaban la siembra y durante la cosecha. La necesidad de cambiar de sitios se hacía más necesaria en tiempo seco, donde dependían exclusivamente de la caza y recolección.

La aldea

La aldea, Guiday en lengua ayoré, es el lugar donde el grupo permanece unido por un tiempo prolongado. 

El territorio de la aldea debía reunir una serie de condiciones que posibilitaran una vida más sedentaria (fuente de agua, áreas de tierra apta para la agricultura). El conocimiento de estos lugares tradicionales viene de muchas generaciones.

En las aldeas existían casas fijas, que normalmente albergaban familias extensas. La casa se concebía como un espacio circular que se construía en torno a un pilar central, en el que estaban apoyadas en forma convergente las estructuras menores, que limitaban el perímetro del espacio. La cobertura –techo pared que no llegaba al suelo- estaba conformada de hojas, gajos de ramas entrelazadas u otros materiales que formaban una cubierta resistente a las fuertes lluvias que caían en verano.

Una aldea grande estaba constituida por muchas casas situadas en forma circular alrededor de un centro, en la que se encontraba la casa de los solteros.

Siempre contaban con dos a tres chacras en diversos lugares, cuyos frutos estarían maduros en diferentes tiempos. El momento de la cosecha era la época más feliz del grupo. Los días pasaban tranquilos y había mucho tiempo para juegos y otras diversiones; pero nunca se dejaba totalmente la caza y la recolección.

Los Ayoréode cuentan el año de sequere a sequere, de un tiempo de lluvia a otro tiempo de lluvia. El tiempo seco es esoi.

Los campamentos

El campamento, Degüi en lengua ayoré, es un lugar conocido por ellos debido a sus andanzas pasadas o actuales y es preparado para descansar, cocinar y pasar la noche al finalizar un día de caminata. 

Contrariamente a la aldea, no cuenta con casas fijas, y las familias extensas mantienen en él un fogón común. Para instalar un campamento, se busca en el monte un sitio apropiado para protegerse del frío y los vientos. Los ayoreóde no conocen la hamaca: duermen en el piso o sobre un sobrado (cuando hay tiempo para construirlo). Cuando hace mucho frío acostumbran mantener brazas debajo de esta cama para poder calentarse.

El campamento debe estar ubicado cerca de un lugar donde exista agua, que en cantidades menores solo puede ser obtenida en el Chaco de los huecos de los árboles, del tubérculo de la planta Chicori o buscado entre las hojas de Ñojna (especie de caraguatá) que guarda entre sus hojas el agua de lluvia durante un tiempo prolongado.

La fiesta del pájaro

A fines de agosto, los Ayoréode buscan un lugar con suficiente agua donde instalar un campamento apropiado para esperar que Asojna (Caprimulgus Parvulus) cante por primera vez. Su canto anuncia la primera lluvia y la época de primavera. Antes de la fiesta, hombres y mujeres se dedican a fabricar piezas nuevas de uso cotidiano, como bolsas, abarcas y recipientes.

Según los Ayoréode, Asojna fue la primera persona muerta. Los antepasados la quemaron a fuego, un hecho que también produjo la “muerte” de la naturaleza. Pero Asojna resucitó, lloró su destino y se volvió pájaro porque ya no quiso compartir la vida con los humanos. Sus lágrimas produjeron la primera lluvia, la que hizo resucitar también a la naturaleza. Desde esa época, el mundo conoce la diferencia entre tiempo de lluvia y tiempo seco, fenómeno que se repite cada año.

Los Ayoréode aprovechan la primera lluvia para cultivar algunos zapallos, frijoles y ante todo sandías, que puedan producir una primera cosecha. El tiempo de lluvias se inicia recién en octubre/ noviembre, cuando la cría del Asojna comienza a volar.